Otra política de inmigración propuesta otro fracaso

Nicole Fuches

Desde julio a octubre durante el año pasado, los Estados Unidos (EEUU) firmaron los Acuerdos de cooperación de asilo con los países del triángulo del norte en Centroamérica: Honduras, El Salvador y Guatemala. Estos contratos permiten a los EEUU enviar solicitantes de asilo centroamericanos que llegan a la frontera del sur a cualquier país del triángulo del norte. Actualmente, Guatemala es el único que ha recibido migrantes ahora porque los EEUU presionaron el país por amenazar su apoyo financiero, según Washington Post. 

A menudo, a estos solicitantes de asilo, muchos de los cuales están huyendo de la violencia, no se les dice adónde van. Para empeorar la situación, los refugiados tienen que decidir dentro de tres minutos si o no quedarse en Guatemala. Si no, tienen que repatriarse en 72 horas, según el Washington Post.  

Ahora, los solicitantes de asilo mexicanos pueden estar sujetos a la misma política. En solo este mes, este cambio puede impactar a unos 900 candidatos del asilo, según NBC. 

Es poco realista para la administración Trump expandir esta política porque ignora las leyes previas y los derechos humanos. También, ni siquiera satisfará la meta del Presidente Trump de frenar la inmigración.  Es una cosa enviar solicitantes de asilo a sus países de origen, pero enviarles a un país contra sus voluntades es inhumano. Nuestro país debe seguir lo que dice y asegurar la estabilidad de solicitantes de asilo antes de dirigirles lejos para enfrentarse con una violencia indigna.

Según el American Civil Liberties Union, esta práctica es ilegal. Bajo las leyes de la administración Clinton, los EEUU no pueden enviar los solicitantes de asilo a países donde pueden enfrentarse a la persecución. 

No solo violaría nuestras leyes si enviáramos solicitantes de asilo mexicanos a Centroamérica, sino que la política se contradice. Aunque la administración Trump afirma que los mexicanos serían enviados a

un “tercer país seguro,” Guatemala no lo es. La pandilla Mara Salvatrucha-13 tiene gran influencia en Guatemala y el país está clasificado como número 16 en las tasas de homicidios deliberados, según World Atlas.

Esta violación descarada de leyes previas le hace la política inútil. Si implementada, crearía contradicciones dentro del sistema de inmigración, dejándoles a muchos solicitantes de asilo más inseguros de adónde ir.

También, por enviarles a un país peligroso, los EEUU mostrarían al mundo que abandona otros acuerdos. Esto dañaría la posición global de los EEUU porque disuadirá diplomacia extranjera con nuestros países vecinos, dejándonos aún más aislados. 

Para calmo, Guatemala no está preparado para manejar la afluencia de migrantes que los EEUU enviarían. Según CBS, el programa es “esquelético,” con menos de 12 funcionarios de asilo. 

No solo sus problemas estructurales dejan Guatemala mal preparado para manejar unos miles de migrantes mexicanos, pero el país no quiere aceptarlos. Alejandro Giammattei, el nuevo presidente guatemalteco, no está de acuerdo con la idea de acoger mexicanos, según CBS. 

Guatemala no ha confirmado nada sobre acoger solicitantes, probando que el propósito es inalcanzable, según Alejandra Mena, una portavoz de una institución de inmigración del gobierno guatemalteco. Los EEUU han hecho este anuncio antes que la política se vuelva oficial. 

Así, si Guatemala no puede o quiere mantener a los solicitantes de asilo mexicanos, este “tercer país” es poco adecuado para cuidar a sus necesidades.  Por eso, la nueva proposición no tiene sentido nada políticamente. El hecho que se contradice la noción que los EEUU representan una tierra de oportunidad solo sirve para demostrar la hipocresía de nuestro país. 

 Además, pondría el derecho de la seguridad de mexicanos en peligro, añadiendo otra mancha al plan. En un artículo de Los Angeles Times, una solicitante de asilo que se llama Manuela Morales tiene miedo por su vida y la de sus dos hijos. Si son enviados a Guatemala, ella cree que serían matados directamente por las pandillas simplemente por ser mexicanos. Muchos solicitantes de asilo están moviéndose por razones de la familia como Morales, no para causar la violencia.  

A pesar de estas complicaciones, el cambio a los Acuerdos de cooperación de asilo no reducirá la inmigración mexicana como lo desea Trump. Según el Washington Post, los contrabandistas usualmente les ofrecen sus servicios a sus clientes tres veces. Por eso, muchos inmigrantes mexicanos, que pueden comunicarse con sus contrabandistas con WhatsApp, no serían disuadidos después de ser enviados lejos de la frontera. Con tal de que se mantengan en contacto con un contrabandista, tendrán una oportunidad entrar en los EEUU, desafiando las ambiciones de Trump. 

Por eso, los EEUU están haciendo un error político. Hacen hipocresías y refutan las vidas de ciudadanos globales, y para que? Un esfuerzo casi imposible para parar la fuerza de los solicitantes de asilo. 

Si los EEUU quieren disuadir la inmigración, deben buscar una ubicación segura para los solicitantes de asilo. Con la seguridad, no solo se resolverán los problemas de la administración Trump, sino que se evitará el error diplomático que lleva la violación de derechos humanos. 

 

ENGLISH VERSION

 

Another proposed immigration policy another failure 

 

In between July to Oct. of 2019, the United States signed the Asylum Cooperation Agreements with Honduras, El Salvador and Guatemala. These agreements allow the United States to send Central American asylum seekers who arrive at the southern border to any of these three countries. So far, Guatemala is the only country to have received migrants. 

Oftentimes, these asylum seekers, many of whom are fleeing violence, are not told where they are going. To make matters worse, upon arrival, they must decide within three minutes whether or not to stay in Guatemala. If not, they must return to their home country within 72 hours, according to the Washington Post. 

Now, Mexican asylum seekers may be subject to the same agreement which may have them flown to Guatemala without their knowledge. In this month alone, the change could impact about 900 asylum applicants.

The idea of the Trump administration expanding this policy to include Mexicans is unrealistic because it is illegal, self-contradicting and dangerous to human rights. It also wouldn’t fulfill the president’s goal to curb immigration. It is one thing to return immigrants to their home country, but to send them to another country against their will is inhumane. The U.S. should ensure asylum seekers’ stability before turning them away, rather than sending them to a dangerous country.

According to the American Civil Liberties Union, sending these asylum seekers to Guatemala is illegal. Under laws set during the Clinton administration, the U.S. cannot send asylum seekers to countries where they may face persecution. 

Not only would sending Mexican asylum seekers to Central America violate these laws, the policy contradicts itself. Although the Trump administration claims Mexicans would be sent to a “safe third country,” Guatemala is anything but that. Many regions of Guatemala are run by the gang Mara Salvatrucha-13, and the country has the 16th highest homicide rate in the world, according to World Atlas. 

This blatant violation of pre-existing policy renders this proposal useless. If implemented, it would create a web of self-contradicting approaches within the immigration system, leaving many asylum seekers even more unsure of where they are headed. 

Furthermore, by sending them to a dangerous country, the U.S. would show the world that it does not hesitate to roll back on previous agreements. This would harm the United States’ global standing, for it would discourage foreign diplomacy with our neighboring countries, leaving us even more isolated. 

Additionally, Guatemala is not equipped to handle the influx of asylum seekers the U.S. is starting to send over. According to CBS, the country’s asylum program is almost nonexistent with less than a dozen asylum officers. If we send more asylum seekers to Guatemala, it will overwhelm the country’s system and only create more chaos. 

Not only does Guatemala lack the ability to handle thousands of Mexican migrants, it doesn’t want to. Alejandro Giammattei, the new Guatemalan president, does not agree with the idea of welcoming Mexicans, according to CBS News. 

According to Alejandra Mena, a spokesperson on behalf of the Guatemalan government’s immigration institute, nothing about receiving Mexican asylum seekers has been confirmed. The current U.S. administration, therefore, has made this announcement before the policy has been made official. 

Since Guatemala cannot provide, and more importantly does not want to provide, for Mexican asylum seekers, there is nothing suitable about this “third country.” Therefore, this policy does not make sense politically. The fact that these agreements contradict the United States’ founding principle to be a beacon of hope and opportunity for the unfortunate only serves to showcase our country’s hypocrisy.

Furthermore, this policy would endanger many Mexicans’ right to safety. In a Los Angeles Times article, Mexican asylum seeker Manuela Morales claims she fears for her and her sons’ lives because they could be killed directly by Guatemalan gangs because many of them target Mexicans. Many asylum seekers are fleeing violence like Morales, and sending them to even more dangerous countries discredits their efforts. 

The change to the Asylum Cooperation Agreements will not even fulfill President Trump’s goal of deterring Mexican immigration. According to the Washington Post, smugglers usually offer their services three times to their customers. Therefore, many Mexicans who communicate with their smugglers via WhatsApp would not be deterred after being sent away from the border. As long as they stay in touch with their smuggler, they still have an opportunity to enter the U.S., contrary to Trump’s hopes. 

Thus, the United States is making a political error with this policy. It is filled with hypocrisies and discredits the lives of many global citizens, just for the slim chance of discouraging the unstoppable force of asylum seekers. 

If the United States hopes to discourage immigration, it should ensure a safe location for the asylum seekers. By keeping them safe, not only will the current administration solve its problems, it will avoid the diplomatic error of violating human rights.